
Tanto si tenemos que hablar ante una gran audiencia, como si tenemos que explicar una presentación a algunos compañeros de trabajo o clientes, todos sentimos algo de vértigo al hablar en público. Sentir un poco de miedo está bien, porque hace que estemos alertas y seamos cuidadosos, aunque la mayor parte de ese sentimiento viene dado por la misma causa: tenemos miedo al ridículo, y la mejor forma de superarlo es la práctica.
No todos llegaremos a ser grandes oradores, pero con práctica todos podemos explicar lo que queramos de forma amena y eficaz, sin quedar paralizados por la tensión.
Para lograr nuestro objetivo, podemos usar algunas pautas básicas:
- Conoce tu mensaje: no hay nada que dé más tranquilidad que saber de lo que se habla.
- Vigila las reacciones del público, hay que saber cuándo parar o cuándo cambiar de estilo, si el público se está aburriendo hemos de cambiar el ritmo o hacer algo diferente para recuperar su atención.
- No mires la pantalla sobre la que se reproduce tu presentación, tienes que dirigirte al público.
- Puedes llevar un pequeño guión en la mano para revisarlo si te pierdes y no dejarte nada en el tintero. Un truco: no uses papel normal, hazlo en cartulina, así si estás un poco nervioso y te tiemblan las manos no temblará también el papel.
- Cuida tu voz, es la herramienta que transmite el mensaje. Hay que cuidar la entonación, el tono (claro y relajado), el volumen (ni muy bajo, ni gritando), el ritmo y vocalizar claramente. Evita pausas, tartamudeos, repeticiones, vacilaciones y muletillas como ehhhhh, ¿vale?, ¿me entienden?…
Una forma de perfeccionar nuestro discurso o intervención pública, es practicar. Delante del espejo, grabándonos con el móvil y viéndolo, o con amigos que pueden hacer de críticos, etc.
¿Te sientes cómodo hablando en público?, ¿qué trucos usas para evitar el miedo escénico?

